El texto que nos mueve, y literalmente.
El autor de una obra dramática, si lo desea, puede escribir incontables acotaciones en las que cuente todo lo que desea que aparezca en el escenario; en el vestuario de los personajes; e incluso los gestos y movimientos que desea que haga el actor en un momento determinado.
Pero no siempre, tienen que ser las acotaciones las culpables de este hecho, sino el propio diálogo también ocupa su lugar en el entramado teatral.
Las palabras, semánticamente, obligan al cuerpo del personaje a moverse o no; a andar de una determinada forma; o a mirar la vida desde un determinando mundo extracotidiano.
El personaje es él en su contexto. El contexto crea la personalidad del personaje, al igual que nos ocurre a nosotros en nuestra propia vida.
Pero no podemos olvidar que no estamos hablando de la vida real (cotidiana), ni siquiera de literatura, sino de teatro, cuya finalidad es la REPRESENTACIÓN.
En la representación vemos de manera corpórea lo que contaba el autor y lo que guía el director. La representación, visualmente, se adelanta a nuestra imaginación.
El texto describe el gesto. La palabra sujeta a la descripción física, y también todos aquellos sonidos que hemos consensuado como signos lingüísticos: tos, risa, bostezo, hipo...
El texto teje al personaje con todo lo que ello conlleva, entendiendo por texto también todo lo que este mismo nos obliga a hacer. Todo conforma la unidad psicológica del personaje formada por rasgos que configuran un computo semántico.
Toda la articulación de actos gestuales culmina en la creación del personaje, cuyas principales características son:
-La descripción del cuerpo.
-La desnaturalización del cuerpo (por la indumentaria).
-La afirmación del cuerpo a través de las experiencias existenciales extremas.
-La exhibición del cuerpo por medio de los canales de percepción y de sensación.

No olvidemos que el teatro es una representación a través de múltiples signos verbales y no verbales, que en cierto modo conforman lo que conocemos como: discurso.
ResponderEliminarJ.L. Austin determinó la "teoría de los actos del lenguaje", donde señala que todo acto perlocutorio (que dependen de la situación pragmática) se vale de medios paralingüísticos para producir y realizar el acto del lenguaje.
Por tanto enunciado y enunciación pertenecen al discurso. Estos dos conceptos son fácilmente reconocibles en una obra dramática, es más, ocurre continuamente en la representación.
Lingüístas como Ducrot, ampliarán los estudios del discurso a partir del enunciado. Aquí os pongo un apartado de este autor, muy interesante:
"(..) cada acto de enunciación es un acontecimiento único, que implica un locutor particular en una situación particular, mientras que el enunciado (frase) permanece, por definición, sin variación a través de la infinidad de actos de enunciación del cual puede ser objeto. Constuir la noción de enunciado consiste, pues, necesariamente, en efectuar una abstracción de esta infinidad de empleos, y no es de manera alguna evidente que la fórmula, introducir la enunciación en el enunciado, sea simplemente un absurdo".
LA ENUNCIACIÓN ESTÁ CONTINUAMENTE EN EL ENUNCIADO DE UNA REPRESENTACIÓN ESCÉNICA.