En la vida, cuando utilizamos la palabra y el habla lo hacemos con el primer y último propósito de comunicarnos. E incluso en los casos que se parlotea, también se utiliza para algo, para llamar la atención o para distraernos. Por otro lado, en la vida (normalmente) escuchamos porque nos interesa lo que nos cuenta nuestro interlocutor. Ambos, estamos participando en un diálogo donde habla y escucha son imprescindibles. Estas dos cuestiones deben ser filtradas como sabemos por la semiótica de cada palabra. El acto de comuncación se presenta como una actividad fructífera cuando decodificamos al código que nos mostraba el emisor a través del habla. Por otro lado, en la vida real hablamos bajo la influencia de lo que real o imaginariamente pensamos.
Sin embargo, en escena es diferente. El actor se enfrenta a un texto ajeno que no responde a lo que siente o necesita decir, sino a lo que siente y necesita decir el personaje. Por otro lado, en esta escucha no tiene una necesidad práctica de penetrar en la palabra. Puede mostrarse la intención de atención con la imagen aunque el actor no esté verdaderamente escuchando lo que está diciendo su interlocutor. Esta tendencia está abocada, según Stanislavski, a la sobreactuación.
Cuando los actores leen por primera vez la pieza, se sumergen en las palabras y en su significado, al igual que en todos los sentimientos e imágenes que le evocan. Pero, ocurre que, al repetir constantemente el texto en los ensayos y funciones puede acabar banalizándose su esencia, y llegar a ser una aglomeración de palabras que salen mecánicamente por la boca.
En la vida ordinaria, también tenemos ejemplos de construcciones que acaban banalizándose: Buenos días, ¿cómo estás? ,gracias... y una larga lista de palabras que utilizamos en nuestra vida diaria sin pararnos a sentir o pensar lo que estamos pronunciando. Al igual nos ocurría a los que hemos estado en un colegio de monjas en la oración. Se tornaba un ejercicio mecánico, mediante el cual podíamos tener nuestra mente en otra parte.
Todas estas falsificaciones mecánicas convierten al texto en algo sin alma. Crean una forma de actuar convencional y sobreactuada, que mata a la encarnación, y por lo tanto a la vivencia del personaje. Para entrelazar la vivencia del personaje al texto, y por lo tanto al habla es importante que entendamos el término "subtexto": "El subtexto es la vida del espíritu humano, no manifiesta, sino interiormente sentida, que fluye ininterrumpida bajo las palabras del texto, dándole constantemente justificación y existencia".
Cuando escuchamos una palabra puede llevarnos a un recuerdo o a un sentimiento cualquiera. Incluso, puede despertar sentimientos dolorosos. La palabra sirve como medio a la hora de recordar o revivir imágenes en nuestra mente. Sin embargo, cuando la tomamos sin ese efecto interior, la palabra se torna un sonido vacío. Dice Stanislavski: "Las palabras más simples, al transmitir ideas complejas, cambiarán toda nuestra concepción del mundo. No en vano la palabra es la expresión más concreta del pensamiento humano".
Para que el texto siempre cobre vida en escena, es necesario penetrar en él siempre. No puede ser un acto mecánico. Las palabras sólo pueden transmitir algo al espectador, cuando el mismo actor las siente y las padece. Para una buena concepción del personaje, la palabra no sólo puede ser un sonido sino un completísimo evocador de imágenes. Cuando el actor haga eso, las palabras ajenas del personaje se tornarán suyas y sabrá de dónde vienen y porqué las dice. De este modo, la palabra lo moverá y se implicará en la acción, llevando al oyente a sentir y entender lo que dice ese emisor-personaje.
El único alimento del subtexto es la imaginación y el sentimiento. Por lo tanto, en el visionado de las imágenes provocadas por el texto verán una historia infinita. Como ya sabemos, la imaginación no tiene pautas ni esquemas, la imaginación surge por sí sola hasta caminos insospechados. El subtexto del texto es infinito y por ello, nunca se podrá llegar a un vacío en escena.
"NUESTRA PREOCUPACIÓN PRINCIPAL CONSISTE EN QUE DURANTE EL TIEMPO QUE PERMANEZCAMOS EN EL ESCENARIO REFLEJEMOS CONSTANTEMENTE, CON LA VISIÓN INTERIOR, LAS IMÁGENES QUE CORRESPONDEN A LAS IMÁGENES DEL PERSONAJE REPRESENTADO".
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