Entradas anteriores, ya habíamos marcado levemente las características del teatro Oriental y con ello, las grandes divergencias con el teatro Occidental.
En Oriente el "estar intensamente presente" va más allá; y el actor, puede -y debe- representar su propia ausencia. Es inusitado, pero el actor con su propia presencia puede hacernos ver su ausencia.
La vida del actor de teatro Noh se basa en una alteración del equilibrio. Todos nosotros, incluso, cuando parecemos inmóviles, nos servimos de minúsculos movimientos que reparten nuestro peso entre las dos piernas. Para el actor, estos micromovimientos, pueden construir un núcleo, que disimulado por lo cotidiano, puede llegar a ser modificado y amplificado para marcar la absoluta presencia, y así llegar a lo extracotidiano.
La armonía y precisión de la técnica del teatro Noh, lo configura como una vivencia puramente espiritual y poética.
A diferencia del teatro Occidental, el Noh carece de trama. Escenifica durante toda la obra un único episodio, teniendo lo siguiente como estructura básica: Un peregrino aparece en un lugar famoso vinculado con alguna leyenda o hecho histórico, y un natural del lugar relata la historia.
El valor del teatro Noh no se encuentra en tramas inesperadas impregnadas de moralidad o ideologías. Lo fascinante y mágico del Noh es adentrarse en un mundo de sugestión ilimitado, donde los recursos son lo más simple que podamos llegar a imaginar. Además, como señala Fenellosa: "La belleza y vigor del Noh residen en la concentración; trajes, movimientos, versos y música se unen para producir una sola visión esclarecida".
Los recursos escenográficos son escuetos. No existe decorado ni mobiliario. Actúan sobre una superficie de madera donde naturalmente, se reflejan las vestiduras de los actores. Al fondo, hay un gran panel de madera en el que aparece, pintado artísticamente, un pino japonés.
No obstante, cuando usan objetos son sencillos y simbólicos. Por ejemplo, para sugerir una montaña, basta con un armazón de cuatro cañas de bambú sobre el que se coloca un tapiz verde. Estos objetos, generalmente, también tienen como fin marcar el cambio de escena.
Pero quizás, lo más sobresaliente, es el empleo de la máscara. Esto implica que nos sintamos en un entorno ilusionista, donde sólo la magia puede tener lugar. La máscara conlleva una ausencia del rostro propio del actor y con ello la imposibilidad de transmitir reacciones sentimentales del personaje por medio de gestos, juegos de ojos y movimientos de labios.
Aquí vemos una vital diferencia con Occidente, el actor no puede utilizar el recurso de su propia imagen, sino que debe utilizar otras técnicas para la trascendencia de la obra. La máscara, además de eliminar cualquier esbozo de realismo, crea una imagen de imperturbabilidad.
El mismo actor, con máscaras diferentes, puede representar el papel de un dios, de un guerrero, el de una mujer vieja o joven, etc. Además, todas las máscaras están encasilladas a lo largo de toda la tradición. De este modo, hay tres máscaras de hombre: el viejo, el joven y el de mediana edad; las tres correspondientes de mujer, la máscara de niño, la de hombre ciego, etc. Sin embargo, las de dioses varían un poco más: para un dios vengador, para un dios todopoderoso, para un dios misericordioso. Hay máscaras de monstruos, malos espíritus o demonios, guerreros que vuelven a la vida para referirse a la historia acaecida en el lugar, etc.
Por otro lado, la voz también es algo completamente ilusionista. El actor produce sonidos extraños con intervalos musicales ayudados por el coro. Así la voz también contribuye a crear un mundo de armonía y de fantasía: "La perfecta unión del coro con el actor en las partes en que actúan juntos y la sumisión de la música al ritmo del verso es lo que le da este carácter de arte sintético".
Vestidos con trajes con mangas prominentes, contribuyen a reforzar la imagen del "ser imperturbable". Los trajes contrastan con la simplicidad del escenario, pero además sirven de apoyo a los artistas. Este apoyo radica en las mangas de los trajes que se sumergen en todas las significaciones posibles. Las mangas, necesitan una gran técnica y esfuerzo por parte del actor. Como respuesta a una maravillosa técnica el actor puede imitar las alas del despliegue de un pájaro; otras veces, las despliega mientras anda, como si indicase el movimiento de la vela de un barco o como el de una flor que se deshoja.
Aunque ya lo hemos repetido hasta la saciedad, todo en el escenario es significado. Todo lo que está en un escenario no es casual sino causal. Cuando párrafos atrás decíamos que no existía trama en esta representación sino que era un único episodio, no invalidábamos con ello que en la obra hayan momentos culminantes de alto drama.
En el ambiente fervoroso; en el drama del teatro Noh, entra en escena el coro y el actor a su vez, comienza la danza. En esta danza, completamente diferente a lo que entendemos por danza en Occidente, se ejecutan una serie de pasos deslizantes acompañados de gestos y de golpes de pie con el suelo. Pero lo más interesante es que también hay danzas con significación propia: pueden escenificar tensión, excitación soberbia, serenidad, majestuosidad, etc.
Como hemos dicho antes, hay danzas con su propia significación propia, pero también hay gestos en esa danza que tienen su propia significación. Todo este entramado propicia un hilo de significados y de ambientes. El llanto, por ejemplo, se expresa levantando el brazo derecho y acercando la mano a la frente, al mismo tiempo que se baja la cabeza. La ira se manifiesta con unas ligeras pisadas sobre el suelo; la risa nunca se expresará con el sonido correspondiente, sino dando unas ligeras palmadas.
Los gestos servidos de sus símbolos, son conocidos por el espectador, que podrá ver a través del equilibrio grandes fusiones y experimentaciones del significado.
